Un nuevo sistema diseñado por el Centro Agronómico Tropical de Investigación y Enseñanza (CATIE) realiza pagos a los ganaderos para adoptar prácticas silvopastoriles que aumenten la producción ganadera y provean servicios ecosistémicos. Mercados Ambientales analiza de cerca.

ESPARZA, COSTA RICA



Cuando el ganadero José Antonio López tuvo que aumentar sus ingresos para mantener a su familia, no optó por talar el bosque para incrementar los pastizales; optó por plantar árboles.

López representa a una de las 450 fincas familiares en Costa Rica, Nicaragua y Colombia que están introduciendo árboles y arbustos en los pastizales y alrededor de manantiales y arroyos para transformar fincas ganaderas tradicionales en sistemas silvopastoriles, donde el ganado, árboles y el forraje son cultivados en conjunto.

Para financiar estos cambios, López y otras familias reciben pagos por servicios ecosistémicos (PSE) por captura de carbono y conservación de la biodiversidad, siendo el primer sistema de pago aplicado a fincas ganaderas en operación. El Centro Agronómico Tropical de Investigación y Enseñanza (CATIE), ubicado en Turrialba, Costa Rica, dirige el proyecto conjuntamente con el Centro para la Investigación en Sistemas Sostenibles de Producción Agropecuaria (CIPAV) en Colombia y el Instituto de Investigación y Desarrollo Nitlapán, en Nicaragua.

“Fue necesario tener algún tipo de incentivo para que los ganaderos invirtieran en sistemas silvopastoriles” señala Muhummad Ibrahim, encargado del Programa Ganadería y Medio Ambiente de CATIE. “Estos programas son costosos comparados con los sistemas tradicionales”.

Ibrahim sostiene que las agencias de ayuda no han financiado proyectos ganaderos en América Latina en 20 años, debido a la mala imagen del sector ganadero y al temor de alentar aún más la deforestación. Sin embargo, la perspectiva de los habitantes de Guyana era distinta y lucharon arduamente, con el apoyo de organizaciones locales, por obtener el financiamiento. “Yo creo que si tienes un problema, no lo ignoras. Buscas soluciones” opina Ibrahim.

La producción ganadera ocupa el segundo lugar en el uso del suelo en América Latina; cientos de miles de familias dependen total o parcialmente de la ganadería para proveer comida e ingresos. “Si quieres tener un impacto en el uso sustentable de la tierra en América Latina, es aquí donde tienes que mirar”.

Según Ibrahim, el novedoso esquema desarrollado por el CATIE es el primer sistema de pagos aplicado a fincas ganaderas en operación en el mundo y está atrayendo atención global, - proyectos en Brasil, Argentina, Bolivia, México y Panamá dicen estar usando o están por implementar dicho sistema-.

Cambio de Financiación



La base del sistema de pagos desarrollado por el CATIE es el Índice Eco-Servicio, ideado para calcular los servicios ecosistémicos emanados de prácticas ambientalmente amigables. Específicamente, el Índice calcula los servicios ecosistémicos provistos por las plantaciones de árboles, bancos de forraje, protección del hábitat de la vida silvestre y la preservación de especies nativas en las tierras de las fincas.

En base al Índice, los beneficiarios reciben pagos que reflejan: 1) la capacidad aumentada de la finca para capturar o almacenar bióxido de carbono que, de lo contrario, contribuiría al cambio climático; y 2) su contribución a la conservación de la biodiversidad.

En total, al año se generan pagos de aproximadamente $500 dólares por finca, cantidad significativa para pequeñas y medianas fincas donde las familias generalmente no pueden financiar los costos del cambio a un sistema nuevo. “Queremos saber si los pagos por servicios ecosistémicos inclinarán la balanza”, señala Ibrahim.

El Fondo Ambiental Global (GEF en inglés), financia el proyecto con el apoyo del Banco Mundial y de la iniciativa LEAD Ganadería, Medio Ambiente y Desarrollo, vinculada a la FAO (Food and Agricultural Organization) de Naciones Unidas.

El sistema, “permite a los ganaderos seguir produciendo y mejorar el medio ambiente” señala Ibrahim. “La conservación debe realizarse en el marco de las condiciones de vida de la gente; de lo contrario, no funcionará”.

Producción y Protección



Hasta el momento, el sistema parece estar funcionando para López, el ganadero de 52 años quien cría vacas para producir carne y leche en su finca ubicada en las colinas cerca de Esparza.

Desde 2002, López ha convertido 1 hectáreas, de su finca de 20 hectáreas, en banco de forraje, caña de azúcar y cratilia (Cratylia argentea) un arbusto leguminoso rico en proteína. El forraje fresco lo obtiene del banco y lo almacena como ensilaje, que alimenta hasta 30 vacas en la temporada de secas. Así, López no tiene que comprar la costosa pollinaza como suplemento alimenticio para la temporada de secas.

Mediante el esquema de pagos por servicios ecosistémicos, López ha reforestado 8 hectáreas, ha agregado árboles en los pastizales y ha mejorado la calidad del pasto. “Ya no utilizo tanto herbicida en mis pastizales porque con pastos mejorados no hay tanta mala hierba” comenta López, “además, utilizo menos insecticida y fertilizante”.

Los árboles plantados a lo largo de los límites de la propiedad son cercas vivas que proveen forraje y madera de manera continua. Paralelamente a la madera y los árboles frutales, López mantiene especies estrictamente como vida silvestre.

“Tengo algo de cecropia; no es un árbol maderable pero es muy importante para animales como los “perezosos”. Su pequeño bosque y los corredores creados por las cercas vivas también son hogar de los monos de cara blanca, mono aullador, coatís, comadrejas, osos hormigueros, pájaros y mariposas.

Mabel Ledesma, participante del programa, tiene 13 hectáreas cerca de Esparza que opera con su esposo, Luís Ángel Carvajal y su nieto Guillermo de 5 años. “ Los pagos son muy importantes para nosotros” comenta Mabel, “el proyecto nos ha ayudado a cambiar nuestra finca”.

La pareja ha plantado cercas vivas (90 hasta el momento), bancos de forraje y árboles que protegen las cuencas hidrológicas. “Donde tenemos árboles cerca del río, hemos observado el aumento de la cantidad de agua y mejorar su calidad” añade Carbajal. “Muchas fuentes de agua en el área se habían secado debido a que los finqueros talaron el bosque alrededor de ellas. Ahora, están reforestando y se dan cuenta que los manantiales proveen más agua”. (Consulta “Los mercados hidrológicos obtienen una dosis de ciencia “rompe- mitos”)

Ledesma creó un vivero de árboles y produce fertilizante orgánico. Orgullosamente exhibe un barril de tierra lleno de lombrices para la composta. Pronto, ella y su esposo podarán la primera cosecha de cratilia y la embolsarán como ensilaje, utilizando un método que aprendieron del equipo del CATIE.

La pareja también plantó pastos mejorados y su finca actualmente sostiene un ganado de 18 reses. “Antes, con pastizales naturales, teníamos que tener menos vacas o comprar pollinaza como suplemento alimenticio”, opina Ledesma. “Ahora podemos tener más vacas. Ya veremos qué sucede en la temporada de secas, si con el banco de forraje producido podemos agregar más.”

Ella dice que a través del proyecto del CATIE, ha aprendido más sobre la biodiversidad. “Sabemos mucho acerca de la naturaleza, pero no estamos conscientes de su importancia. He aprendido que todo es una cadena, para qué sirve y que no debería ser eliminado”.

“Antes, los finqueros pensaban en el pasto solamente como comida para sus animales” opina Ibrahim. “Ahora tenemos más de 150 especies de árboles y arbustos que funcionan mejor como comida que el pasto. Tienen una mayor producción en la temporada de secas, mejoran el suelo y proveen servicios ecosistémicos”.

La flora y la fauna se benefician de los pequeños proyectos de reforestación, de las cercas vivas y de los árboles en los pastizales. Éstos generalmente funcionan como corredores de vida silvestre entre las parcelas de los bosques. Ibrahim describe las cercas vivas como “venas verdes que corren a lo largo de la finca”. Investigaciones recientes sostienen que en las cercas vivas y en pastizales con árboles de alta densidad, existe una biodiversidad de pájaros similar a la encontrada en bosques secundarios.

Además de pájaros, Ledesma ha visto en sus tierras mariposas, mapaches, coatís, coyotes, venado cola blanca y ocelotes. “El halcón blanco atrapa nuestros pollos, pero también mata a las víboras” dice Ledesma.

Si bien la delgada mujer de 55 años pasa la mayor parte de sus días trabajando en la finca, su visión del mundo se ha ampliado a través de este proyecto. “La captura de carbono no sólo nos va a beneficiar a nosotros sino a todo el mundo. Es algo que no se ve, pero que lo sientes”.

Ree Strange Sheck es periodista y autora radicada en Turrialba, Costa Rica, donde es consultora del CATIE. Puede ser contactada en sheck@catie.ac.cr